
vez te esperaba la angustia de la tarea, de la oscura mesa de escritorio y el reproche diario sin apoyo, sin alegría. Y así cada día de una infancia solitaria y anodina, llena de miedos y también de sueños, inalcanzables desde siempre, no aptos para niñas tristes. No puedo recordar gran felicidad allí, sí momentos fugaces de diversión, pero no alegrías, por aprender, o por sentir el aprecio o la consideración de los otros. Aquello era una dolorosa espera de algo mejor, que no llegó. Ahora no es igual claro, tengo menos dolor, más sosiego, más aceptación. En realidad en medio de aquel pasado y este presente está el mayor dolor y el mayor gozo también. Quizá por eso comparo aquel tiempo con este, porque el dolor que siento es parecido, el dolor de la espera vana del desaliento por no llegar a comprender el sentido de la vida, de la mía, el dolor de no poder escapar de esa trampa en la que estas encerrado. Y morir sin encontrar el verdadero sentido de tu vida y tu camino, y saber que solo tú tienes la culpa de donde estás, y darte cuenta de que cada paso dado cuenta para llegar hasta aquí, este lugar que no amas aunque ames con toda tu alma a los tuyos y lo que tienes, pero no amas este lugar donde estas tú y sólo tú, este lugar que eres tú misma. Solo sabes que no eres feliz aunque debas serlo y todo cuanto te rodea te obligue a serlo.Este sufrimiento sordo y crónico, ya sólo en la fe puede hallar consuelo y ni me llega ni la busco, aunque intuyo que es lo que me hace falta. Fe y esperanza para darle sentido a mi vida. Quiero mirar al cielo, donde miraba cuando era niña en busca de respuestas, para encontrar el camino perdido, porque sólo Dios, en el que no creo, me puede guiar. Hoy estoy tan triste que no puedo continuar. El desaliento es el peor de los males según la madre Teresa de Calcuta. Yo estoy desalentada."
Foto: Madre Teresa de Calcuta. "La Madeleine", de Georges de La Tour (1593-1652)







Sol y sombra. Eso tenemos hoy en el cielo de Madrid. 














